Un fuerte terremoto de magnitud 7,1 sacudió la prefectura de Kumamoto, en la isla de Kyushu, al sur de Japón, provocando una de las emergencias sísmicas más importantes que ha vivido el país en los últimos años. El movimiento telúrico causó graves daños en viviendas, carreteras, puentes y edificios, además de interrumpir el suministro eléctrico y los servicios de transporte.
En las primeras horas tras el sismo, las autoridades reportaron al menos 50 personas heridas, aunque el balance fue aumentando con el paso de los días. El hecho más dramático ocurrió en un centro comercial Aeon Mall, donde una explosión y el colapso parcial de la estructura dejaron personas atrapadas. Equipos de rescate trabajaron durante varios días para localizar sobrevivientes entre los escombros.
El terremoto también provocó incendios, deslizamientos de tierra y grietas en las principales vías, mientras que más de 48.000 hogares quedaron sin electricidad. Las autoridades suspendieron temporalmente los servicios del tren bala, varias líneas ferroviarias regionales y las operaciones en el aeropuerto de Kumamoto para facilitar las labores de emergencia.
Tras el movimiento principal, la Agencia Meteorológica de Japón emitió una alerta de tsunami para algunas zonas costeras del mar de Ariake y el mar de Yatsushiro. La advertencia fue levantada horas después, aunque las autoridades mantuvieron la recomendación de permanecer alejados de la costa debido a las fuertes réplicas.
Días después del desastre, el Gobierno japonés confirmó que el saldo había aumentado a 38 personas fallecidas y 114 heridas, mientras miles de habitantes permanecían en refugios temporales. La primera ministra Sanae Takaichi visitó las zonas afectadas y anunció ayudas para acelerar la recuperación, en medio de una intensa ola de calor que dificulta las labores de rescate y asistencia humanitaria.
Las autoridades mantienen activos los operativos de búsqueda y han pedido a la población permanecer alerta ante posibles réplicas, ya que persiste el riesgo de nuevos derrumbes y deslizamientos de tierra. Japón, uno de los países con mayor actividad sísmica del mundo, continúa reforzando las tareas de atención a los damnificados y de reconstrucción de la infraestructura afectada.